Nueva teoría explica cómo el daño temprano lleva a enfermedades en la vejez
Científicos de dos universidades de Londres publicaron un estudio importante.
Ellos explican que envejecer y enfermar están conectados por dos etapas en la vida.
La primera etapa ocurre en la juventud. El cuerpo sufre daños como infecciones o heridas.
Algunos daños no se curan por completo y se esconden en el cuerpo.
La segunda etapa empieza cuando la persona es mayor. Los genes cambian y el cuerpo se debilita.
Los daños antiguos pueden activarse entonces y causar enfermedades como cáncer o artritis.
Por ejemplo, un virus dormido puede despertar cuando el sistema inmunológico es débil.
Este modelo usa ideas de la biología evolutiva y la medicina moderna.
Los científicos creen que su teoría puede ayudar a prevenir enfermedades en el futuro.
Los científicos estudian por qué envejecer hace que enfermemos más.
Un nuevo estudio dice que hay dos etapas en el cuerpo que causan esto.
La primera etapa es cuando somos jóvenes. Nuestro cuerpo sufre daños pequeños.
Estos daños pueden ser infecciones o heridas. A veces el cuerpo no los cura del todo.
La segunda etapa es cuando somos mayores. Nuestro cuerpo cambia y se debilita.
Los daños antiguos pueden causar enfermedades entonces. Por ejemplo, el herpes zóster aparece cuando el sistema inmunológico es débil.
La artritis puede ser resultado de una lesión en la juventud.
Este modelo ayuda a entender por qué enfermamos al envejecer.
Científicos de dos universidades de Londres publicaron un estudio importante.
Ellos explican que envejecer y enfermar están conectados por dos etapas en la vida.
La primera etapa ocurre en la juventud. El cuerpo sufre daños como infecciones o heridas.
Algunos daños no se curan por completo y se esconden en el cuerpo.
La segunda etapa empieza cuando la persona es mayor. Los genes cambian y el cuerpo se debilita.
Los daños antiguos pueden activarse entonces y causar enfermedades como cáncer o artritis.
Por ejemplo, un virus dormido puede despertar cuando el sistema inmunológico es débil.
Este modelo usa ideas de la biología evolutiva y la medicina moderna.
Los científicos creen que su teoría puede ayudar a prevenir enfermedades en el futuro.
Investigadores de University College London y Queen Mary University han propuesto un modelo innovador que explica la relación entre el envejecimiento y las enfermedades crónicas.
Según el estudio, publicado en *Aging-US*, el proceso de envejecimiento se divide en dos fases conectadas.
En la primera fase, durante la juventud, el cuerpo sufre daños como infecciones, lesiones físicas o mutaciones genéticas.
Aunque el organismo suele reparar gran parte de estos daños, algunos quedan latentes sin eliminarse por completo.
La segunda fase ocurre en la vejez, cuando los cambios genéticos normales debilitan la capacidad del cuerpo para controlar los daños acumulados.
Como resultado, problemas anteriormente contenidos pueden evolucionar hacia enfermedades como cáncer, artritis o infecciones.
Los científicos destacan que este modelo se basa en teorías evolutivas, como la idea de que la selección natural es menos efectiva en etapas avanzadas de la vida.
Experimentos con el gusano *Caenorhabditis elegans* mostraron que daños tempranos en estos animales condujeron a infecciones fatales en la vejez, sugiriendo patrones similares en humanos.
El estudio propone que reducir los daños en etapas tempranas o abordar los cambios genéticos dañinos en la vejez podría disminuir el riesgo de enfermedades crónicas en adultos mayores.
Lunas de planetas errabundos podrían albergar océanos de agua líquida
Un estudio reciente sugiere que lunas alrededor de planetas sin estrella pueden tener océanos líquidos. Los científicos de Alemania explicaron cómo esto es posible gracias al calor generado por fuerzas de marea.
Estos planetas, conocidos como planetas errabundos, viajan solos en el espacio. Sus lunas orbitan de manera alargada, lo que produce fricción y calor interno. La atmósfera de hidrógeno actúa como un aislante natural.
Sin un sol cerca, el agua no se congelaría porque el hidrógeno retiene el calor. Anteriormente se pensaba que el dióxido de carbono podía hacer esto, pero en el frío extremo pierde su efecto.
Los investigadores compararon este proceso con la Tierra primitiva. Asteroides ricos en hidrógeno podrían haber creado condiciones similares. Además, los ciclos de humedad y sequedad pueden ayudar a formar moléculas esenciales para la vida.
Se estima que hay tantos planetas errabundos como estrellas en la Vía Láctea. Esto significa que hay muchas más posibilidades de encontrar vida en el universo.
Un equipo de científicos estudia lunas que no tienen sol cerca. Estas lunas pueden tener agua líquida por mucho tiempo. El calor viene de fuerzas de gravedad, no del sol.
Los planetas flotantes están lejos de estrellas. Las lunas giran alrededor de estos planetas. El calor de la gravedad mantiene el agua tibia.
El hidrógeno en el aire ayuda a guardar el calor. Sin hidrógeno, el agua se congelaría rápido. El hidrógeno actúa como una manta que no deja salir el calor.
Estos planetas son comunes en la galaxia. Hay tantos como estrellas. Las lunas pueden tener vida en el futuro. El agua líquida es importante para la vida.
Las lunas pueden tener ciclos de agua. El agua se evapora y vuelve a caer. Esto ayuda a crear moléculas complejas para la vida.
Un estudio reciente sugiere que lunas alrededor de planetas sin estrella pueden tener océanos líquidos. Los científicos de Alemania explicaron cómo esto es posible gracias al calor generado por fuerzas de marea.
Estos planetas, conocidos como planetas errabundos, viajan solos en el espacio. Sus lunas orbitan de manera alargada, lo que produce fricción y calor interno. La atmósfera de hidrógeno actúa como un aislante natural.
Sin un sol cerca, el agua no se congelaría porque el hidrógeno retiene el calor. Anteriormente se pensaba que el dióxido de carbono podía hacer esto, pero en el frío extremo pierde su efecto.
Los investigadores compararon este proceso con la Tierra primitiva. Asteroides ricos en hidrógeno podrían haber creado condiciones similares. Además, los ciclos de humedad y sequedad pueden ayudar a formar moléculas esenciales para la vida.
Se estima que hay tantos planetas errabundos como estrellas en la Vía Láctea. Esto significa que hay muchas más posibilidades de encontrar vida en el universo.
Un equipo de científicos de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y el Instituto Max Planck ha descubierto que lunas que orbitan planetas sin estrella podrían albergar océanos de agua líquida durante períodos prolongados. Según sus cálculos, estos océanos podrían mantenerse estables hasta 4.300 millones de años.
Durante la formación de los sistemas planetarios, interacciones gravitatorias pueden expulsar planetas gigantes de sus órbitas originales. Aunque estos planetas flotantes viajan solos, muchas veces retienen sus lunas. Sin embargo, sus órbitas se vuelven altamente elípticas, lo que genera calentamiento por marea.
El calor producido por la flexión gravitatoria evita que los océanos se congelen en el espacio profundo. Para mantener este calor, los investigadores proponen que una atmósfera rica en hidrógeno actuaría como un manto aislante, atrapando la radiación térmica gracias a un fenómeno conocido como absorción inducida por colisiones.
Estudios anteriores sugirieron que el dióxido de carbono podría servir para este propósito, pero en condiciones de frío extremo este gas pierde su capacidad de retener calor. En cambio, el hidrógeno se mantiene estable incluso a temperaturas bajas. Además, los ciclos de evaporación y condensación generados por las fuerzas de marea podrían facilitar reacciones químicas complejas.
Los científicos estiman que los planetas errantes podrían ser tan comunes como las estrellas en la Vía Láctea. Esto amplía significativamente las posibilidades de encontrar entornos habitables fuera de los sistemas solares tradicionales. Aunque aún no se ha confirmado la existencia de vida en estos lugares, el estudio ofrece nuevas perspectivas sobre cómo podría surgir en condiciones extremas.